Gasto necesario para el funcionamiento de la empresa.

Qué es un coste indirecto

Un coste indirecto es un gasto general de la empresa que no se puede asignar a una obra o trabajo concreto: el alquiler de las instalaciones, los seguros, la administración o los salarios de personal que no ejecuta trabajos en obra. Existe independientemente de que se facture una obra más o una menos ese mes.

Ejemplos de costes indirectos en oficios

El alquiler de la oficina o la nave es el ejemplo más claro, junto con los seguros de responsabilidad civil o de los vehículos de empresa. Los salarios de administración y gestión también entran aquí, igual que los suministros generales como la luz, el agua o la conexión a internet. Y hay un caso que a menudo se pasa por alto: la amortización de maquinaria de uso compartido entre varias obras, que no es coste directo de ninguna en particular porque no pertenece a ninguna en exclusiva.

Cómo se calculan los costes indirectos

El cálculo, en esencia, tiene tres pasos:

  1. Sumar todos los costes indirectos de un periodo. Normalmente un mes o un año: alquiler, seguros, salarios de administración, suministros, amortizaciones compartidas. El resultado es la estructura fija total de la empresa en ese periodo.
  2. Elegir una base de reparto. Puede ser el volumen de facturación previsto, las horas de mano de obra directa previstas, o el coste directo previsto de todos los trabajos del periodo. La base más habitual en empresas de oficios suele ser el coste directo o las horas de mano de obra, porque son datos que ya se manejan obra por obra.
  3. Calcular el porcentaje o la tasa de reparto. Se divide el total de costes indirectos entre la base elegida. Si una empresa tiene 4.000 € mensuales de estructura y prevé 20.000 € de coste directo de mano de obra y materiales ese mismo mes, la tasa es del 20%: cada trabajo debe repercutir un 20% adicional sobre su coste directo solo para cubrir estructura, antes de empezar a hablar de margen.

Ese porcentaje no es fijo para siempre. Conviene revisarlo al menos una vez al año, y antes si la empresa cambia de tamaño.

Cambios como contratar una persona más en administración o mudarse a un local más grande dispara la estructura fija de golpe, y si la tasa de reparto no se actualiza, cada trabajo empieza a cubrir menos estructura de la que realmente genera.

Otra opción para el cálculo es repartirlo entre las horas facturables del equipo. 

Cómo se reparten entre los trabajos

Una vez calculada la tasa, repartirla es sencillo: se aplica ese porcentaje fijo sobre el coste directo de cada trabajo, de forma que una obra grande absorbe proporcionalmente más estructura que una pequeña. Algunas empresas prefieren repartir en función del tiempo o del volumen de facturación de cada obra en lugar del coste directo, sobre todo cuando el peso de la mano de obra varía mucho de un trabajo a otro. Y hay una tercera vía, más analítica, que consiste en calcular un punto de equilibrio: cuántos trabajos hacen falta cada mes solo para cubrir la estructura fija, antes de que aparezca el primer euro de beneficio real.

Preguntas frecuentes sobre el coste indirecto

¿Los costes indirectos deben incluirse en el precio de cada trabajo?
Sí. Si no se repercuten de alguna forma en los precios, la empresa puede tener beneficio aparente en cada trabajo y pérdidas reales al cierre del ejercicio.

¿Qué porcentaje de costes indirectos es razonable?
Depende de la estructura de cada empresa.

¿Los costes indirectos varían con el volumen de trabajo?
En general son más estables que los costes directos, sí, aunque no son inamovibles: si la empresa necesita ampliar plantilla de administración o alquilar una nave más grande, la estructura sube de golpe, no poco a poco, y ese salto hay que absorberlo con más trabajos facturados, no con menos.